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EL BLOG DEL BCE

El dinero en la era digital

Fabio Panetta, miembro del Comité Ejecutivo del Banco Central Europeo

Fráncfort del Meno, 2 de diciembre de 2020

Desde la antigua Grecia, dinero y efectivo han sido prácticamente sinónimos: las monedas primero, y los billetes más tarde, han sido un medio de pago eficaz y ampliamente aceptado para las operaciones cotidianas.

Sin embargo, en los últimos años, la revolución digital ha dado lugar a importantes cambios en nuestros hábitos y cada vez es más frecuente pasar una tarjeta o tocar la pantalla de un teléfono móvil o de un smartwatch para efectuar un pago.

Un reciente estudio sobre los hábitos de pago de los consumidores en la zona del euro (SPACE, por sus siglas en inglés) llevado a cabo por el Banco Central Europeo y los bancos centrales nacionales revela que casi la mitad de los adultos de la zona del euro ya prefiere pagar digitalmente, tendencia que parece haberse acelerado durante la pandemia de coronavirus (COVID-19). Aunque el efectivo es el medio de pago más utilizado para las operaciones en persona, su participación en el total de operaciones está disminuyendo. Para las compras remotas, las tarjetas y los pagos electrónicos son las opciones preferidas. Por su parte, los adeudos directos y las transferencias son las modalidades más habituales para pagar facturas.

Esta diferencia sugiere que ninguno de los medios de pago actuales satisface por completo las necesidades de los consumidores, lo que pone de manifiesto la importancia de continuar ofreciéndoles la posibilidad de elegir su modo de pago sin comprometer sus expectativas de rapidez, seguridad, bajo coste y facilidad de uso. De hecho, el efectivo y el dinero digital pueden considerarse complementarios: su coexistencia amplía las opciones disponibles y facilita el acceso a formas de pago sencillas de todos los grupos en una sociedad, lo que asegura una mayor inclusión y resiliencia.

El dinero digital va de la mano de la digitalización de la economía: apoya el crecimiento del comercio electrónico y los estilos de vida conectados, y satisface las necesidades de inmediatez e integración fluida entre pagos y servicios digitales de las personas.

Pero aunque los pagos digitales están diseñados para ser lo más robustos posibles, aún son vulnerables a problemas como cortes de electricidad, amenazas cibernéticas y fallos técnicos. En esas situaciones, el efectivo puede apoyar la resiliencia de los pagos, ya que sus características especiales hacen que sea una alternativa y un depósito de valor seguros. Nuestro estudio muestra que el 34 % de los ciudadanos de la zona del euro guarda en su domicilio reservas de efectivo superiores a las necesarias por motivos de precaución.

El efectivo también favorece la inclusión. Una preocupación concreta en lo que refiere a los pagos digitales es que, si se convierten en la norma, las personas que no pueden utilizar esos servicios, o que no desean utilizarlos, por ejemplo, por razones de privacidad, puedan verse excluidas de la economía. Nuestro estudio muestra que el efectivo es utilizado habitualmente por personas de todas las edades, de todos los niveles educativos y de todos los grupos de renta. Asimismo, el efectivo es esencial para la inclusión de las personas socialmente vulnerables que pueden no disponer de cuenta bancaria o de los conocimientos digitales necesarios. Todo ello subraya la necesidad de mantener el correcto funcionamiento del ciclo del efectivo, incluida la facilidad para acceder a él y su aceptación general en los puntos de venta. Por ello mantenemos nuestro firme compromiso de asegurar que el efectivo siga estando disponible, y continúe siendo aceptado, en cualquier lugar de la zona del euro.

Al mismo tiempo, a medida que los consumidores y su dinero se hacen digitales, el dinero que emiten los bancos centrales también debe reinventarse para seguir siendo un bien público plenamente disponible en la era digital. En consecuencia, debemos estar preparados para emitir un equivalente digital de los billetes si fuera necesario. Un euro digital complementaría al efectivo: juntos proporcionarían acceso a formas de pago sencillas y sin coste. Su diseño también aseguraría la interoperabilidad con las soluciones de pago privadas, lo que permitiría ofrecer productos paneuropeos y servicios adicionales a los consumidores. Asimismo, la protección de la privacidad será fundamental para que el euro digital pueda contribuir a mantener la confianza en los medios de pago en la era digital. Para conocer mejor las necesidades y preocupaciones de los usuarios finales, invitamos a los interesados a enviarnos sus comentarios en el marco de la consulta pública sobre un euro digital que estamos llevando a cabo actualmente.

La digitalización abre puerta a una revolución en los pagos. Sin embargo, es importante que los hogares y las empresas europeos tengan la posibilidad de elegir y estamos trabajando para que puedan seguir disponiendo de una alternativa pública, sencilla, segura y sin coste cualquiera que sean las circunstancias.